Laundry time

Para el observador ávido de historias estrafalarias existe, a parte del submundo que habita el metro de Nueva York, un escenario más íntimo, más pausado, más recogido, desde el que observar con otra perspectiva la esencia de la raza neoyorquina. Y es que una vez lo has pisado, a uno no le queda duda de por qué tantas series o películas lo utilizan como telón de fondo para sus historias. Es la lavandería.

Una no es consciente del lujo que supone tener una lavadora en casa hasta que carece de ella. Hacer la colada en la intimidad de tu casa, sin nadie observando, sin sentir que (mierda) te has olvidado el detergente en el hogar. Meter la ropa en el tambor, darle al botón, seguir con tu vida de mono mientras se lava la ropa.

En Nueva York, a no ser que seas rico, tengas un asistente, o seas un cerdo, existen 3 posibles situaciones a la hora de proceder con la colada. Y como todo aquí, dependen de 2 variables: tiempo y dinero.

  1. Tienes la suerte de tener una lavadora en tu edificio y haces la colada allí.
  2.  No tienes tiempo pero tienes dinero, de modo que dejas la ropa sucia en la lavandería y ellos hacen la colada por tí.
  3.  Tienes tiempo y no te sobra el dinero, así que haces tu mismo la colada en la lavandería de tu barrio.

Yo soy de estas últimas. Y bien sea por tiempo o por dinero, una tiende a acumular ropa sucia como si no hubiera un mañana, que riéte tú de la montaña de basura de los Fraggles. Y bien sea por tiempo, o esta vez simplemente por pereza, lo va dejando, lo va dejando, hasta que llega esa alarma silenciosa en forma de drama doméstico que indica que ya es hora de pisar la lavandería: No quedan bragas limpias.

Bueno, mentira, sí que quedan. Quedan esas bragas de prettypendeja, de putónverbenero, de pseudoángeldeVictoriasSecret, que compraste pensando (¿en qué coño pensabas?) que le quitarías el aliento a más de uno cuando te las enfundaras en una ocasión especial. Naaaa. No es el caso. Porque sólo las usas para una ocasión: Cuando no quedan más bragas hábiles en el cajón.

Y sí, una va vestidaparamatar por dentro, pero por fuera reúne todos los cánones del ArrggdelaCuore. Y es que existe una regla no escrita en la lavandería que dice que el dress code va desde el pijama como prenda de etiqueta hasta todo lo que se encuentra por debajo: chandal, kimono, bata de boatiné, calcetines con chanclas, el camisón de tu abuela, trikini de Borat, da igual. Estoy segura de que cuando los hermanos Cohen daban forma al personaje de El Nota en El Gran Lebowski estaban haciendo la colada.

De modo que llegas, sacas toda la artillería, la metes en la lavadora, haces acopio de todas las monedas que has ido guardando y voilà. Por tan sólo 3 dólares obtienes 45 minutos de calma, de tranquilidad y por qué no, 45 minutos de reflexión en los que discutes contigo mismo la esencia de dudas existenciales sobre el hombre y el universo que te andan preocupando últimamente. Eso, o 45 minutos de Tinder.

Yo soy de las que le gusta doblar la ropa in situ. Hasta las bragas las doblo. Es como un bonus de tiempo que obtienes en el caso de haberte pulido todo el minutaje, ejem, reflexionando. Y es aquí cuando viene el peor momento de la colada, quizá de todo el día, quizá de toda la semana. Ese puñetazo en el estomágo disfrazado de tarea doméstica: Doblar la sábana bajera. Y es que, amigos, ese es el momento en el que uno realmente es consciente de lo que es la soledad: Tener que hacer una bola con la sábana bajera porque no tienes a nadie con quién doblarla. Snif.

Así que hundida, recoges los restos del naufragio, te vas a la mesita de doblado, con la lágrima en el ojo, pensando que acabarás sola con un montón de gatos a los que llamarás bebés.
Ya sólo una cosa puede salvarte del tsunami emocional, salvarte el día y salvarte la semana: Que termines de casar los calcetines y que no sobre ninguno suelto. Pura felicidad disfrazada de labor doméstica.

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3 thoughts on “Laundry time

  1. Gracias por las risas que me he echado leyendote. Acabo de descubrir que mi compañera de piso no es la única que necesita ayuda para doblar la sábana bajera. En mi país natal (Colombia) o tal vez solo en mi familia, nos teníamos apañar solitos para que no se hiciera bola. Un abrazo y que venga mucha inspiración en esta aventura! Te sigo 🙂

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