El MoMA (un viernes)

Nueva York tiene algunos de los museos más increíbles del mundo. Por nombrar sólo algunos, está el Guggenheim (el edificio de Frank Lloyd Wright quita la respiración), el Metropolitan (qué decir de la sala del templo de Dendur), la Neue Gallery (maravillosa colección de arte austríaco de principios del s. XX), y el Whitney (no Houston, para desgracia de sus fans) para los más modernos. Y por supuesto, la madre de todas las madres, la joya de la corona del arte moderno: The Museum of Modern Art. Coño, el MoMA.En Nueva York hay 2 formas de visitar un museo: Te plantas allí y pagas la entrada pertinente o te esperas al día que más cerca estás de entrar gratis: El día del pay what you wish. Un día a la semana (a veces tan sólo un día al mes) las entradas se quedan a precio de la voluntad (podéis consultar los días aquí). Y aunque ellos te hacen una sugerencia (la suggested donation a veces alcanza los 15-20 dólares) estosojitosmíos nunca han visto a un turista español pagar más de un dólar por entrar. Pues bien, los viernes por la tarde es el día en que el MoMA es gratis. GRATIS. Ni siquiera pagas el dólar. Ellos abren las puertas y venga, va pasando allí la gente como si Moisés hubiera abierto el Hudson de par en par.

En el MoMA se concentra la créme de la créme del Arte Moderno: Pollock, Picasso, Matisse, Rothko, Brancusi, Duchamp. También tienen una planta entera dedicada a exposiciones de Arqutectura que nunca defrauda. Qué ganazas de visitar el MoMA, ¿verdad? Pues te voy a dar un consejo: No vayas un viernes. El MoMA un viernes sólo se puede comparar con un estadio de fútbol en el que se celebra la final de la Champions entre el Real Madrid y el Barça, contando con el Papa Francisco como maestro de ceremonias y con Justin Bieber acompañando a Luis Fonsi cantando Despacito en el descanso. Y de repente aparece Maluma. Todo ello con entrada gratuita. Para que te hagas una idea.

Y todas y cada una de las personas que allí acuden tienen 3 objetivos:

  1. Hacerse un selfie delante de La noche estrellada de Van Gogh

2. Hacerse un selfie delante de La persistencia de la memoria de Dalí

3. Hacerse un selfie delante de Las señoritas de Avignon de Picasso

Para muestra, un botón. Aquí unas fotos reales de la pachanga de los viernes.

Up to you.

Si aún después de ver esto decidís ignorar mi consejo porque no os apetece pagar los 25 plomacos que cuesta la entrada un día normal, pero sólo queréis ver los cuadros más chicharrones, aquí va otro consejo: Entrad y subid directamente a la 3ª planta, ahorraros el suplicio y ahorrárselo a los demás.

Aquí va el tercer consejo: Si aún así, te encuentras en medio de la marea y sientes que te va a dar un soponcio como me pasó a mí (yo sólo quería arrancar cabezas a mordiscos estilo Leónidas y después desvanecerme a lo Madame Bovary) hay un patio interior precioso con sillas, que por purito contraste te parecerá un templo budista tibetano. Sentaos, meted la cabeza entre las piernas y respirad.

Good luck.

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